Como hemos visto, el aprendizaje emocional comienza en los
primeros momentos de la vida y se prolonga a lo largo de La infancia. Todos los
pequeños intercambios entre padres e hijos tienen un subtexto emotivo, y en la
repetición de estos mensajes a lo largo de los años, niños y niñas forman el
núcleo de sus capacidades y concepción emocional.
Ahora, la diferencia entre las perspectivas -chicos con
confianza y optimismo contra inseguros y que esperan fracasar- comienza a tomar
forma en la primera infancia. "Así, vemos que los padres con demasiadas
ganas de ayudar se arriesgan a incapacitar emocionalmente a sus hijos, pues les
arrebatan el poder de actuar y hacer cosas por sí mismos. Este tipo de apoyo
debe ofrecerse cuando ha sido solicitado y debe dirigirse a auxiliar al niño a
utilizar sus propios recursos para solucionar un problema", comenta la
experta.
En este sentido, se debe tener en cuenta que hay
progenitores que desean que sus descendientes dependan de ellos para sentir que
les siguen necesitando; otros temen que los chicos aprendan demasiado rápido
porque entonces tendrían que permitirles cosas que podrían entrañar algún
riesgo, y algunos no pueden ni siquiera pensar que sus hijos son más
competentes que ellos mismos.

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